- 19 mayo, 2026
- by Fandic | Expertos en RBC
- Historias
- 2mins read
- 175 Views
La historia de Nayibe y Kevin: aprender a avanzar a su propio ritmo
Desde que Kevin era muy pequeño, Nayibe sentía que algo era diferente. Mientras otros niños avanzaban rápidamente en ciertas etapas de crecimiento, ella notaba que su hijo llevaba un proceso distinto, como si caminara a otro ritmo.
“Uno como mamá siente cuando algo pasa”, recuerda.
Kevin tardó más tiempo en sentarse, caminar y desarrollar algunas habilidades básicas. Además, había comportamientos que empezaron a llamar su atención: no siempre respondía cuando lo llamaban, lloraba con frecuencia, algunos sonidos le molestaban mucho y repetía ciertas rutinas todos los días.
Aunque al principio Nayibe no imaginaba un diagnóstico de autismo, poco a poco comenzó a buscar respuestas y entendió que muchas de las características de Kevin apuntaban hacia allí.
“Uno nunca está preparado para recibir un diagnóstico así. Da miedo, porque no sabes qué viene ni cómo ayudar a tu hijo.”
Fueron momentos difíciles, llenos de preguntas, incertidumbre y emociones encontradas. Pero en medio del miedo, Nayibe tomó una decisión que cambiaría por completo su camino: aprender a comprender a Kevin y acompañarlo en cada paso de su proceso.
Con el tiempo entendió que no debía compararlo con otros niños, sino reconocer y celebrar cada pequeño avance. Aprendió que cada logro, por pequeño que pareciera, representaba una gran victoria.
Hoy Kevin continúa creciendo rodeado de amor y acompañamiento. Asiste al colegio, participa en actividades de la Fundación FANDIC y disfruta especialmente de la música, el movimiento y los espacios donde puede compartir con otras personas.
Sus profesores, compañeros y quienes hacen parte de su entorno han sido fundamentales para fortalecer su proceso de inclusión y desarrollo.
“Él me ha enseñado a ver la vida diferente. A entender que cada niño aprende a su manera y que con amor, paciencia y apoyo pueden lograr muchas cosas.”
Para Nayibe, espacios como FANDIC han significado mucho más que terapias o actividades. Han sido lugares donde Kevin puede sentirse aceptado, acompañado y feliz siendo él mismo.
“Lo más importante es que ellos se sientan comprendidos, felices y capaces.”
La historia de Nayibe y Kevin nos recuerda que el autismo no limita la capacidad de aprender, crecer o disfrutar de la vida. Cuando existen comprensión, inclusión y oportunidades, los niños pueden desarrollar todo su potencial a su propio ritmo.
En FANDIC creemos que cada proceso merece respeto, amor y acompañamiento. Porque detrás de cada niño hay una historia única esperando ser comprendida.



